Desde un mirada institucional y de políticas educativas destaco la necesidad de implementar un modelo educativo que favorezca la construcción colaborativa de aprendizaje. Tal es el caso del modelo educativo centrado en la persona, dónde el estudiante se vuelve el núcleo central de un sistema concéntrico donde todos los otros agentes involucrados colaboran y se relacionan entre sí. El carácter institucional y las políticas educativas de un establecimiento u organización educativa deben funcionar como sistema y los agentes retroalimentarse mutuamente. (Heredia y Romero, 2007).
Los estudiantes asumen como actores principales de la acción educativa y se vuelven mas conscientes de su proceso de aprendizaje. Los docentes cambian su práctica pedagógica, se enfocan en el papel dinámico del estudiante y dejan de lado el discurso de transmisión de conocimiento para dar paso a la construcción colaborativa, actuando como guías y facilitadores del proceso de aprendizaje.
En este escenario cobra vida una nueva intención evaluadora, una de índole diagnóstica referida por un lado a las características de sus estudiantes como también a los conocimientos previos adquiridos por los mismos.
El docente debe conocer al estudiante para diseñar el ambiente de aprendizaje donde las actividades planificadas desarrollen, evalúen y faciliten el proceso de aprendizaje (Heredia y Romero, 2007).
La heterogeneidad de estudiantes y las diferencias de conocimientos previos adquiridos se vuelve un factor determinante a la hora de planificar y adoptar prácticas educativas.
Sistemas de aprendizaje colaborativo, tales como la enseñanza recíproca, en el cual se revelan las nociones de Vygotsky sobre la importancia de la experiencia social en el desarrollo del aprendizaje, cobran sentido en modelos educativos centrados en el estudiante. Este método combina la demostración, asesoramiento y andamiaje, mediante estrategias que ayudan a los estudiantes a prever la información que se van a encontrar, a integrar conocimientos previos y reconstruirlos (Daniels, 2003). Las actividades en grupo resultan experiencias enriquecedoras para el aprendizaje mediado por las TIC, tanto por la interacción entre individuos, la construcción colaborativa de conocimiento y la responsabilidad que trae consigo la asignación de roles. La interactividad debe vincularse en lo posible con el ambiente de trabajo del participante y no tanto con las capacidades de los medios tecnológicos. La presencia de medios tecnológicos actúan en el ámbito educativo como un componente en el proceso de comunicación que da apoyo al aprendizaje, genera espacios de interacción para la construcción de los saberes y el desarrollo integral del individuo (Burgos, 2007).
Bajo esta mirada el concepto de cognición distribuida cobra un valor fundamental, entendiendo que el conocimiento está distribuido entre los estudiantes y que se requieren prácticas colaborativas entre los individuos y las herramientas que usan para lograr aprendizajes significativos (Daniels, 2003).
Asimismo la implementación de actividades tales como el aprendizaje situado, cuya instancia colaborativa se desarrolla a partir de prácticas sociales en un contexto cultural, complementado con la participación guiada, dado que el desarrollo individual depende de las interacciones con otros individuos donde los valores sociales, los instrumentos intelectuales y las instituciones culturales actúan como artefactos mediadores (Daniels, 2003).
Entendiendo la diversidad de estudiantes, de niveles de desarrollo, habilidades y conocimientos previos, el concepto de Zona de Desarrollo Próximo (ZDP) planteado por Vigotsky y más adelante acuñado por Mercer como Zona de Desarrollo Intermental (ZDI), se centra en el aprendizaje como un proceso de “interpensar”. Para que se lleve a cabo un proceso cualitativo de enseñanza y aprendizaje, profesor y estudiante emplean el diálogo para generar un espacio de comunicación compartida (Daniels, 2003).
A partir del paradigma sociocultural y del concepto de acción mediada donde la actividad humana se entiende como un proceso de transformación a través del uso de instrumentos (Fernández-Cárdenas, 2009), la inserción de tecnologías educativas dentro del ámbito educativo de actividad constituyen un nuevo paquete de herramientas de mediación. Éstas se insertan en las prácticas pedagógicas y se entienden como artefactos que crean diferentes contextos de interacción, cuyas habilidades asociadas guardan relación con la participación social y la calidad de las interacciones que se generan en este nuevo contexto mediado por las TIC.
Bajo este conjunto de sucesos que rodean la incorporación de tecnologías digitales a la escuela, se apoya y soporta el desarrollo de objetos de aprendizaje, entendidos como entidades informativas digitales que adquieren sentido en la realidad concreta donde la aplica el sujeto (Ramírez, 2007). En ellos se conjugan los componentes tecnológicos y pedagógicos con el fin de lograr una apropiación de contenidos de parte del usuario. Nuevamente se vuelven relevantes las características del estudiante a quien va dirigido, a que comunidad pertenece, de manera de que exista una planificación y contextualización en torno a la actividad que se construye mediada por el OA. Es fundamental que el profesor tome las decisiones adecuadas, seleccionando los recursos indicados, respondiendo a las necesidades de los estudiantes y encontrando la fuente de motivación para facilitar su aprendizaje (Ramírez, 2007).
El paradigma sociocultural ha dejado un espacio identificado y reportado para la inclusión de tecnologías digitales, ya que estas mismas se constituyen como herramientas culturales de la era del conocimiento, la era que vivimos hoy. La teoría si bien data del siglo pasado, se vuelve vigente en la visión de la apropiación y uso de instrumentos que forman parte y construyen a su vez nuestro entorno sociocultural. El desafío lo encontramos en la actividad educativa mediada, donde la justificación, planificación y el carácter idóneo en el uso de instrumentos favorecerá en los estudiantes un aprendizaje situado y significativo.
Referencias
Fernández-Cárdenas, J. M. (2009). Las tecnologías de la información
y la comunicación desde la perspectiva de la psicología de la educación. (J. Arévalo
Zamudio, & G. Rodríguez Blanco, Edit.) México, Distrito Federal, México:
Secretaría de Educación Pública/Dirección General de Materiales Educativos.
Heredia Escorza, Y., & Romero Murguía, M. E. (2007). Un nuevo
modelo educativo centrado en la persona: compromisos y realidades. En A. Lozano
Rodríguez, & J. V. Burgos Aguilar, Tecnología Educativa en un Modelo de
Educación a Distancia Centrado en la Persona (págs. 53-75). México: Limusa.
Daniels, H. (2003). Vygotsky y la Pedagogía. Barcelona: Paidós.
Burgos, J. (2007). El reto de la radio interactiva y la tutoría
virtual. En A. Lozano Rodríguez, & B. A. Vladimir, Tecnología Educativa en
un Modelo de Educación a Distancia Centrado en la Persona (págs. 241-276).
México: Limusa.
Ramírez, M. (2007). Administración de objetos de aprendizaje en
educación a distancia: experiencia de colaboración interinstitucional. En A.
Lozano Rodríguez, & J. V. Burgos Aguilar, Tecnología Educativa en un Modelo
de Educación a Distancia Centrado en la Persona (págs. 351-373). México:
Limusa.



