lunes, 27 de febrero de 2012

Comunidad y práctica: ¿siempre una Comunidad de Práctica?

Comunidad y práctica se asocian para constituir una Comunidad de Práctica mediante la relación existente entre tres dimensiones: empresa conjunta, compromiso mutuo y repertorio compartido. A partir de estas tres dimensiones de relación que propone el autor Wenger (2001) ilustraré de que forma un grupo motivados por iniciativas de innovación y emprendimiento social, se configura como una comunidad de práctica.

Empresa conjunta.
Enmarcada en un contexto institucional que media recursos, iniciativas y propuestas, esta comunidad de práctica es producto de un proceso colectivo de negociación, dónde los participantes definen el marco de acción y la necesidad de emprender actividades de mutua responsabilidad (Wenger, 2001).  
Compromiso mutuo. Es ésta dimensión la que más resalta en comunidad de práctica. Pasaron de ser un grupo interesado en un fin común a organizarse y participar mutuamente (Wenger, 2001). Esto implica un mayor trabajo, y una constante atención para mantener la comunidad. Se caracteriza por la heterogeneidad y con ello las contribuciones complementarias que provienen de los diferentes enfoques y disciplinas de los participantes.
Repertorio compartido. Esta dimensión resultó ser el catalizador de esta comunidad. La participación se vio iniciada por un código común, conceptos, símbolos y maneras de hacer, reunidos en torno a un discurso significativo y el compromiso de los recursos teóricos y prácticos de cada uno de sus miembros. Un proceso que se sigue construyendo a partir de la participación y coordinación continua de sus miembros.

Wenger, E. (2001). Comunidades de Práctica: Aprendizaje, Significado e Identidad. Barcelona: Paidós.

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